He visto como se desmorona esta nación desde el corazón de las personas que la conforman. Corazones, envueltos en el yoísmo. Corazones que no buscan más que satisfacer las necesidades de quien los porta. De esa manera, viviendo de una forma egoísta, este país no va a surgir, ni podrá desarrollar el gran potencial que tiene. Venezuela necesita gente que la ame, que suspire por ella, personas que deseen, más que satisfacerse a sí mismos, suplir las necesidades legítimas de cada hombre y mujer, de este gran país, que solo le falta amor, por parte de los hijos que nacieron de ella.
Un amor que fortifique el compromiso de quienes nos gobiernan y de cada hijo de esta nación. Esa nación que vale la apreciada sangre de los patriotas, que con sudor y valentía, se enfrentaron a los opresores, para que jamás Venezuela se tuviera que arrodillar ante ningún hombre de carne y hueso.
Ahora vemos como poco a poco, nuestro pueblo es obligado a arrodillarse ante un hombre, y muchos hijos de esta patria, hacen lo que no deberían: callar. Para el dolor de nuestra madre Venezuela, ese silencio no es por miedo, sino por indiferencia, ya que una gran parte de los venezolanos no están comprometidos a dejar el estado cómodo en el que viven, que a la final les será arrebatado. Es lamentable decir, lo que parece venirle a Venezuela es una opresión, que ahogará la libertad, porque su pueblo no tomó la decisión de entregarse por la patria.
Sueño con ver a los venezolanos, hacer cosas extraordinarias, convertirse en el pueblo de pueblos, el ejemplo de las naciones. Que nuestros nietos derramen lágrimas de admiración por esta generación, que sé, tiene el potencial para hacer cambios radicales. Que abran el camino para la formación de la República que los patriotas del ayer alguna vez soñaron. Para ello debemos dejar la lastra del egoísmo, que nos está pesando tanto, pues sino luchamos de manera pacífica e implacable, no lograremos resguardar el sueño de Bolívar ni podremos dejar un legado poderoso.
Deseo que mi descendencia mire la historia de esta época, y vea hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a derramar sangre y sudor, a sacrificar tiempo y vida, y se sientan tan orgullosos, como me siento hoy yo, de los valientes que me antecedieron, que prefirieron morir, antes que ver a esta tierra, a este pueblo, arrodillarse ante los pies de un hombre, tan mortal como ellos fueron.