Oh, los recuerdos, lo único que nos queda en el ocaso de nuestro tiempo.
Los años son como piedras, piedras que pesan en mis ya cansados hombros, años que me recuerdan, lo rápido que fue vivir, lo lento que fui para reflexionar, a cerca de mi mortalidad, años que estando sobre mi, como león sobre su presa, asfixiándome hasta morir, me consuelan regalándome la sabiduría única de los viejos. Que extraños son los años, por un lado me condenan y por el otro aligeran mi pensamiento.
Oh, los recuerdos, alegrías nostálgicas, tristezas y sueños.
Cuando eres viejo, ves la muerte de una manera distinta, ya no es el mito que me alejaba de los peligros, ya es un fantasma que toca a mi puerta. Pero no temo, por lo menos no todo el tiempo, ya acepte mi destino, no es tan malo, escuche de un camino, un camino al parecer muy lejano, a veces parece irreal, pero les aseguro mis buenos amigos, que allí encontrare paz. Nunca fui un creyente, nunca fui escéptico, nunca me importo el después de la vida, pues era joven y algo así estaba muy lejos, ahora estoy viejo y lamento, no haber afirmado en mis años jóvenes, que existe un Cristo resucitado que puede rescatarme de mis miedos y del manto oscuro del sin tiempo.
Oh, los recuerdos, besos sutiles del alba, mezquinos narradores de mi propio cuento.
No recuerdo todo lo que quisiera recordar y recuerdo mucho de lo quisiera olvidar, creo que de eso se trata la vida, por supuesto cuando eres viejo. La vida te lleva a mirar para atrás, es el entretenimiento de los que se acercan al ultimo respiro, pero me quedas tu, mi cielo, me quedan tus caricias, tus cariños, tus besos, amor mío, estoy en el acaso de mi tiempo y te veo y te amo mas, porque ha pesar de las desdichas y de todo el sufrimiento que juntos hemos pasado, estas a mi lado, fiel, oh cariño, como en nuestros años mas tiernos.
Oh, los recuerdos, de nada valen si no existe lo eterno, por fin he encontrado por lo menos estando viejo, la paz de la inmortalidad y un boleto a un lugar tan genial, si tan solo pudieran verlo.
